miércoles, febrero 3

delitos de la adultez

Hace tiempo, no mucho, bueno; hace poco tiempo si hubiera tenido tres mil humildes pesos en mis manos sería millonaria. Recuerdo con amargura cuando mi mamá me pagaba un peso por cada actividad que hacía, sacudir los discos, guardar los trastes, lavar los vasos, doblar mi ropa, tender su cama, sacar a pasear al perro. Había actividades que tenían un precio mayor, por ejemplo, ir a la iglesia, no comer golosinas, barrer la banqueta, sacar la basura, entre otras. Llegue a tener una considerable candidad de dinero y me gustaría saber en qué gaste mis ocho cientos pesos en aquel lejano y bonito año 1990.

Un amigo me escribió hace poco, es un amigo de la preparatoria. Si tuviera que vivir o revivir una epoca de mi vida, sería esa, cuando no tenía la presión de conseguir un titulo universitario y el poco dinero que tenía, no se esfumaba en una barra de bar o con un dealer. Gastaba mi dinero en una libreria de viejo y horas en un cafe internet, pensandolo bien, desde entonces tenía el espiritu del adicto. Robe libros y me fui sin pagar de algunos ciber-cafes, estafé varias veces a mis familiares y malgasté mis ahorros, ¡qué mal quedé! sin embargo, me gusta recordarlo. Pero entonces, todavía no tenía tres mil pesos en la mano.

Hoy tampoco tengo tres mil pesos libres de responsabilidad o dueño, me gasto el dinero en telefono, renta, luz, agua, comida, mascotas y emergencias. Pero estoy segura que he cambiado, no estoy segura si para bien o para mal, pero llevo una cuenta mental exacta del cómo, cuánto y cuándo se gasta mi salario. Sobrevivo a todos los días y horas de la quincena, incluso contabilizo las monedas que me encuentro y las que colecciono. Algo que me preocupa es el ahorro, tengo el dinero guardado para algo que siempre necesito pero nunca me alcanza. Estoy convencida que la adultez es no saber qué hacer con los ahorros, si fuera 1990 y yo tuviera seis años, ya olvidaría en qué gasté y recordaría que no me falta nada. ¡Así es la vida!

Otra cosa que pensé que pasaría en mi adultez, pero eso, es otro delito

sábado, enero 9

mi artista favorito dice:

jueves, diciembre 31

justo el 31

La despedida del año nuevo es parte de mi religión. Es posible que un culto a las despedidas se aproxime, apenas, a lo que me parece sagrado: los adioses. El fin de cualquier cosa. Y podría separarme de quienes se emocionan con el nacimiento, que para mi, resulta el principio del fin. Es como si nunca hubiera existido la vida y todo fuese "el principio del fin", que me parece una de las peores frases para iluminar el corazón, pero a mi me emociona, siempre me emocionará saber que cualquier cosa, que ame o no, un día me abandonará. Y me llena de vida saber que volveré a estar sola, separada de los que aún tienen lo no-perdido y ocultan o no, ese temor de la futura ausencia. Abandonada o no, estos son los tiempos en que mi biblioteca y yo seguimos unidas a Onetti, el mundo oscuro de la pupila de Santa María. Justo el 31 una satisfacción me obliga a brindar, por la justicia de mi fe en esa ley de la unica perdida universal, del robo a todos, la más pura violencia sin escrupulos: un año se va de las manos. Yo abriré una botella de vodka y veré como mis gatos duermen en el viejo sofa, mientras todos ganaremos y perderemos por fin, lo mismo.

miércoles, diciembre 23

nochebuena

Regresé a un pequeño casino. El lugar me atrapó, el silencio, la rapidez, el amor al dinero, la destrucción de la suerte, el abandono de la solidaridad. Me he sentido tranquila bebiendo cervezas en una iluminada mesa, rodeada de ancianos que jugaban al bingo. Nadie me dirigia la palabra y no necesitaba que alguien lo hiciera. Cuando poco a poco el lugar comenzó a quedarse solo, llegó otra carga de jugadores, más jovenes, pero igual de silenciosos y dedicados a sus cartoncitos con numeros. El lugar es mi paraiso privado, no juego, no hablo, bebo y pago. Me gustaría haber detenido ese momento para siempre.

domingo, diciembre 6

Pinolin

En estos días, el barrio de la Merced recibe a los compradores de la Navidad. Arbolitos sintéticos, esferas de plástico, angelitos dorados de unicel, los ganchitos metálicos para las esferas, escarcha en lata, imitación de la tela rojiblanca de Papa Noel en nylon chino. También esta el tecojote, la canela, los romeritos, el bacalao, el pavo, el piloncillo y los puestos escondidos con axiotes, germinados, hongos, etc. Los manuales de posadas, los barrigones vestidos de rojo que se conectan y mueven sus brazos, o solo brillan, vi un Santa Claus que cantaba a ritmo de reggaeton "fefefeliz navidaaad yeah", una fila de venados eléctricos que brindan con quien los vea y arcos para la puerta del hogar con muchas bengalas de colores. He visto familias que llevaban su Nacimiento -que es un batallón de figuras frágiles y de rostros anónimos, que representan un evento social masivo-, además de ese pesado encargo llevaban su arbolito, en enormes bolsas cargaban los adornos para el pinito, en diablitos, mucha comida y sudando por el esfuerzo, me sentí testigo de una navidad en algún punto del trópico y no en el nublado domingo de la Ciudad de Mexico. Pero como siempre, algún novato provocó burlas en el local de Naviplastic; porque sólo gastó siete pesos, en un arbolito navideño de treinta centimetros y de paso, se alteró por los altos precios de los farolitos de papel. ¡Qué tiempos!.

He considerado ponerle nombre a mi arbolito de navidad, Pinolin es un nombre que me atrae. Tiene el poder de una marca fuerte en el mercado de la higiene, y el toque picaro del eufemismo usado por los niños, para referirse a su aparato sexual masculino externo. Por ahora es una fuerte propuesta personal, pero no vale de mucho si mi pinito esta desnudo y es tan pequeño. No pensé en qué adornos ponerle, creo que si todo va bien, le colgaré monedas de diez centavos, palomitas, aretes o algunas corcholatas. Ya veremos, total, ni la Navidad esta a la vuelta de la esquina, ¡ni yo soy Martha Stewart!.

Y si pongo un Nacimiento, será pequeño, convenceré a las hormigas del baño para que realizen una propuesta efímera; porque con estos tiempos, no creo que nadie en la Merced ni en Tepito, ni en ningun lugar, me ofrezca un nacimiento aprueba de gatos hambrientos y presupuestos miniatura.


La primera Navidad de un gato

lunes, noviembre 30

Que pesadaa

No sé como decirme que me quiero sin hacerme llorar. Ni sé como hacerme de más libertad sin quedarme sola. No me doy permiso de salir a fiestas y no puedo dormir temprano. Me escondo los ahorros y tiro a la basura mis cigarros. Soy una persona que no quiere comprenderse ni llevar su propia fiesta en paz. Que pesadaaaaa.

viernes, noviembre 27

¡un gato en cada rincón!

sábado, noviembre 21

mala suerte

Sin tomar en cuenta la ausencia del ocio (¡vaya utopía!) o el poco tiempo libre (¡qué burgues!), estaba de buen humor (¡ningun hecho!) escribiendo a toda velocidad (¡que hipermodernismo!) y salvando el pellejo de mi tutor y jefe (¡cuánta especulación!) en la agencia de publicidad cuando... de repente, tocaron a mi ventana tres angeles. El primero me dijo que pronto moriría, a menos que escuchara su mensaje. El segundo me ofreció el Imperio de Midas para el tiempo que me quedaba de vida, sólo si no escuchaba al primer angel. El tercer angel me ofreció anunciarme el momento de la sepración del alma de mi cuerpo en el momento final, y el perdón el día de mi Juicio, a cambio de rechazar el segundo angel y no escuchar al primero.
¿Qué podía hacer? ¿Porqué me sucedían estos eventos de la agenda de algún iluminado? ¿Qué número de folio pude haber sacado cuando nací? ¿y si era algún tipo de examen? o peor aún ¿estaba en medio de un juego policiaco entre el angel bueno y el angel malo? ¿que hize? Comí chopsuey en la comida, pero tenía ternera y nadie me dijo que eso era malo cuando estaba en el catequismo.
Como mi jefe insistía en la linea dos del telefono que enviara sus notas de inmediato y los angeles tenían que hacer una visita al Hospital de Cardiología, escogí el numero tres. El tres es de buena suerte para mi, la mayoría de restaurantes chinos ponen combos con marisco en el numero dos, el tres es pollo. Y como llegaron los angelitos, se fueron. Mi jefe se mosqueó un poco con mi historia, pero no me envidió (¿quien si?) dijo que estuve en el lugar incorrecto, porque la semana pasada el sotano olia a azufre y el lavacoches se había ganado la lotería y vive en NY. Estoy convecida, que además de tiempo para soñar, me falta un poquitin de suerte.

xxx